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Grabar con el Móvil. La Inmediatez.

Hace año y medio aproximadamente asistí a un Taller de unas pocas horas en el que se dieron una serie de normas sobre producción audiovisual con dispositivos móviles. Francamente, no percibí grandes diferencias, por no decir ninguna, con la realización utilizando una cámara de cine, de vídeo, o de fotos con vídeo incorporado. Elaboración de un guión, elección de la localización, grabación, postproducción…, por ese lado todo sigue igual.  A continuación podéis ver el resultado «práctico», grabado una tarde frente a las instalaciones donde se impartía el curso.

La única diferencia de grabar con el teléfono móvil es la inmediatez, puesto que se trata de un dispositivo que va siempre con nosotros. En cualquier caso, a pesar de que llevemos el dispositivo en el bolsillo, igualmente hay que escribir un guión, elegir una localización, grabar, etc.; poco importa entonces eso de la inmediatez.

Pero la inmediatez, qué duda cabe, es uno de los pilares sobre los que se construye la vida doméstica actual: enviamos una foto a nuestros amigos y amigas casi antes de hacer click, subimos el vídeo con la parida de turno a Youtube desde el mismo dispositivo de grabación, enviamos mensajes de texto y esperamos la respuesta (inmediata) con ansiedad.

Entiendo que el móvil no tiene una justificación especial para su utilización como cámara en producciones de contenido elaborado que perfectamente podrían realizarse con dispositivos más completos ideados para ello: no entiendo por qué voy a hacer un corto con un móvil, si puedo hacerlo con una pequeña videocámara Full HD.

Sin embargo, muchas veces las imágenes obtenidas por los móviles nos transmiten una sensación de espontaneidad y frescura, de caos y movimiento, influidos como estamos por los cientos de horas de grabaciones telefónicas que probablemente ya han visto nuestros ojos a través de internet o de la propia televisión. Hace años, el cine comercial imitaba la realidad que emanaba de la televisión reproduciendo el grano de las filmaciones en 16 mm. o el ruido del vídeo. Hoy lo hace pixelando las imágenes, como nos sucede cuando ampliamos las grabaciones del móvil al verlas en una tele de 40 pulgadas.

Las grabaciones de móvil tienen un indudable valor puramente documental en tanto en cuanto sus usuarios, la mayoría de las veces, no se plantean el cómo, sino el porqué: y he ahí su mayor cualidad, la de testimoniar y servir de altavoz ante injusticias que cada día se producen alrededor del mundo: revoluciones, protestas, matanzas, etc. Aunque también es justo valorar los momentos divertidos que hay que agradecer a la conjunción móvil + falta de pudor.

Trabajando para la Fundación La Alcudia tuve la oportunidad de experimentar (puesto que en realidad lo grabé yo mismo) cómo grabaría un adolescente el yacimiento en donde se encontró la Dama de Elche, para mostrarlo a sus compañeros y compañeras de clase.

No deja de ser un desafío desaprender lo aprendido sobre la forma ortodoxa de grabar. Y casi, casi olvidar las posibilidades de manipulación de la postproducción. Sin embargo, detrás de la aparente espontaneidad de un producto así hay un trabajo de guión y de concreción de la idea en papel.

En definitiva, grabar con el móvil permite poner en práctica aquel sueño tan manido hoy de «democratizar el cine», puesto que está al alcance de casi todo el mundo. Pero no creo que tenga ningún valor por sí mismo, salvo aquél que realmente le otorga el de la palabreja de moda en nuestra vida: la inmediatez.

Hasta la próxima.

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